Los adolescentes y la “Cultura Messenger”
Hoy en día la frase “pásame tu teléfono para comunicarme contigo” esta quedando muy atrás, siendo cambiada por “pásame tu Messenger y te agrego”, esto debido a que vivimos en una era donde la digitalización es muy importante y agilizar procesos se ha vuelto crucial.
El Messenger ocupa un papel muy importante en la comunicación entre los jóvenes ya que les permite platicar con la gente que deseen y con mucha al mismo tiempo, sin necesidad de gastar en teléfono ni recorrer grandes distancias.
Este ensayo tiene como objetivo analizar el modo en que la mensajería instantánea ha aterrizado en el centro de nuestros hogares y centros educativos con una creciente presencia en el ocio, la sociabilidad y la gestión de la identidad social de los jóvenes y el modo en que esta presencia tiene efectos en el comportamiento y desarrollo de estos.
Con el desarrollo de las tecnologías de comunicación, nos encontramos ante una gran interrogante, ¿A qué se debe tal éxito de los programas de mensajería instantánea?
Encontramos que antes de la invención de la mensajería instantánea lo que se manejaba mas en la red, en cuanto a formas de comunicación, eran las salas de conversación o “Chats”:
Los Chats ofrecen la posibilidad de interactuar con otros usuarios conectados a salas virtuales, bien sea de manera abierta y visible o bien a través de mensajes privados. A diferencia de los mensajes de correo electrónico, de los foros o las listas de distribución, las conversaciones en los chats no quedan registradas. La popularidad de los chats a lo largo de la década de los noventa es actualmente compartida con los programas de mensajería instantánea. Estos programas combinan las lógicas de los chats (que permiten la comunicación instantánea entre grupos de personas, de manera abierta y sin control previo) con las del correo electrónico (mensajes privados y no instantáneos). También permite crear una lista de contactos, saber si están conectados además de poder entablar conversaciones simultáneas, enviar mensajes instantáneos, intercambiar archivos de texto e imagen, entre muchas cosas más.
En las primeras aplicaciones de mensajería instantánea, como el ICQ, los contactos se extraían desde el ciberespacio, en los programas como el Messenger, estos se extraen del mundo real donde la identidad del usuario esta relacionada con su correo electrónico, es decir, cuando damos nuestra dirección de Messenger estamos abriendo las puertas de nuestra esfera privada, integrado al otro en nuestra red social electrónica, al mismo tiempo que nosotros nos incorporamos a la de los demás.
Lo que se conoce como Messenger, ha integrado en un único programa de fácil manejo otras herramientas como el e-mail, los chats y blogs, entre otros servicios de Internet. Ah hecho posible que las comunicaciones con personas desconocidas, como en los chats, queden relegadas a un segundo plano. En el chat la mayoría de los encuentros son efímeros y anónimos sin que el “nick” proporcione ningún tipo de identidad, en cambio en el Messenger este queda asociado con un correo electrónico.
Con esto podemos ver que las relaciones que se establecen actualmente entre los chats y la mensajería instantánea es que los chats representarían la idea de “espacios virtuales públicos” (como un centro nocturno) y la mensajería instantánea individualizaría las comunicaciones establecidas (como una fiesta privada).
Dentro de Messenger encontramos una configuración social muy parecida a la “normal”, donde el Messenger proporciona toda una gama de recursos para gestionar una presencia e interacción, más propia de de otros ámbitos sociales. Encontramos que estas mediaciones son manejadas fácilmente con una conexión individual, voluntaria y más directa. El acceso directo está acompañado por una constante toma de decisiones sobre el estado de disponibilidad del usuario que se pueden definir a partir de etiquetas e íconos establecidos.
Semejantes recursos perfilan una esfera de sociabilidad con mayor margen para gestionar el cómo, cuándo y con quién hablar en redes de contactos. Todo esto repercute en un mayor margen de individualidad y de referencialidad del yo, lo que a su vez aporta un mayor control de las incertidumbres y las emociones inesperadas que acompañan a menudo otras formas de interacción.
No es de extrañar que la mensajería instantánea se haya convertido en una herramienta de comunicación personal imprescindible para muchas personas, especialmente jóvenes, ya que estos se ven inmersos cada vez más en las nuevas tecnologías y las van haciendo cada vez más parte de su vida diaria.
Ahora el Messenger representa una especie de “compañía” mientras se navega por Internet, que se al estar conversando con personas conocidas se da la sensación de estar acompañado en una actividad que representa soledad. También se le atribuye el facilitar el tiempo de reunión con otras personas, es decir, si se tienen que realizar trabajos en equipo ya no hay que establecer un lugar físico, sino solamente una hora en que el equipo se “conectará” al Messenger y realizaran lo que sea necesario, mediante el intercambio de información, sin importar distancias. Estos son solo ejemplos de lo que esta tecnología ha venido a sustituir.
El modo en que estos avances tecnológicos combinan e integran otras herramientas posibilitando su existencia y alto grado de penetración en distintos ámbitos, forma parte de órdenes tecnosociales de mayor amplitud.
Por otro lado podemos ver como también las emociones cobrar formas y significados distintos a través del Messenger y sus comunicaciones medidas por un ordenador. No obstante, estos límites empiezan a ceder a medida que las comunicaciones virtuales reproducen el orden de otras formas de interacción social, proporcionando a su vez una sensación de copresencia. Las interacciones en el Messenger elevan las palabras a hechos, reforzando la primacía del sujeto que tiene frente al contexto o escenario de interacción social.
Como se ha visto, la mensajería instantánea incita comunicaciones personales, reforzando la dimensión individual de un yo amplificado en sus posibilidades de control y reflexión, haciendo una vez más visible cómo la configuración del Messenger amplifica la gestión del mundo Inter-personal.
Es así como el Messenger esta pasando a ser un amortiguador de los contrastes existentes entre distintos usos (informales y formales) de la red que a la vez permite encausar, por ejemplo, las preocupaciones que algunos padres y maestros manifiestan sobre la adicción de los adolescentes al Messenger. En otra visión “la adicción al Messenger de los jóvenes le esta bien, por que fomenta el gusto por la lectura y la escritura, al tiempo que genera nuevos géneros educativos. Igualmente fomenta nuevos estilos literarios (lo harán con faltas de ortografía, con vocabulario inventado, etc.)” Juan Cueto.
La amplia difusión de tecnologías conversacionales, como lo es el Messenger, responde a las necesidades comunicativas que brinda en tiempo real y a la capacidad de mezclarse unas con otras, generando de este modo nuevas combinaciones entre lo publico y lo privado, entre la esfera individual y la social, y en el caso de los jóvenes, la gestión diferencial del tiempo de trabajo, de ocio y ahora el tiempo de familia.
Es de esta forma como el Messenger no es solamente un medio para conversar con la gente que conocemos sino que aparece como un activo capaz de estimular el crecimiento de la sociedad de la información y del conocimiento de manera más homogénea y compatible con las lógicas globales en desarrollo.
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